En el siglo XVIII la sociedad seguía dividida en tres estados, pero pronto cambiaría

domingo, 13 de febrero de 2011

LAS NUEVAS IDEAS DEL SIGLO XVIII: LA ILUSTRACIÓN





El movimiento ideológico que dio al siglo XVIII el nombre de “siglo de las luces” o “siglo filosófico”, es conocido como Ilustración o Nuevas Ideas. Tiene sus antecedentes en el cambio de ideas que arranca al finalizar la Edad Media, con el Humanismo renacentista y la Reforma Protestante y se continúan con la revolución científica del siglo XVII. El centro de difusión de la Ilustración está en Europa Occidental, especialmente en Francia, seguida de Inglaterra, Alemania y Holanda. Pero tuvo una rápida expansión, pasando por encima de los límites nacionales y de las prohibiciones que sobre su difusión intentaron hacer algunos gobiernos. A través de libros, folletos y periódicos se conoció por toda Europa y llegó a América.
Fue la base ideológica de las Revoluciones Liberales de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX (Revolución de las colonias inglesas en América del Norte, Revolución Francesa, Revolución de las colonias españolas de América) y su influencia se prolongó hacia los siglos XIX y XX a través del liberalismo.

CARACTERÍSTICAS DE LA ILUSTRACIÓN

            Las características principales de la Ilustración son:
1) La negación de la autoridad y de la tradición como fuente de conocimiento. Se rechazan  los prejuicios y las afirmaciones basadas solamente en la autoridad de quien las dice. Esto implicaba desconocer a la religión como fuente para obtener un conocimiento verdadero. Las opiniones del Papa o de los obispos o de los sacerdotes no tienen porque ser verdaderas, por lo tanto la Iglesia puede equivocarse. Los pensadores de la Ilustración están en contra de la superstición, los milagros, la intolerancia y la educación religiosa. Este pensamiento crítico hacia la autoridad religiosa desarrolló el deísmo: se mantenía la creencia en un dios creador del universo pero se rechazaba la iglesia, los dogmas y rituales de las religiones. También se desarrolló, pero en muy pocos casos, el ateísmo, es decir el rechazo a la idea de un dios creador y ordenador del mundo.
2) Desarrollo del espíritu crítico; siguiendo el pensamiento renacentista de Descartes, se pone en duda todo conocimiento y nada se da por cierto si no es demostrable. Consideran que la crítica y la duda permiten avanzar en el conocimiento que el hombre tiene del mundo que le rodea. La posibilidad de expresar dudas y criticar iba acompañada por la lucha por el derecho de expresarse libremente, algo difícil en las monarquías absolutas. A veces los autores disfrazaban sus críticas, sobretodo si eran criticas al régimen de gobierno o a las costumbres, mediante el relato de viajes imaginarios a lugares utópicos (por ejemplo “Los viajes de Gulliver” de Johnattan Swit o “Cándido” de Voltaire)
3) La razón es la guía superior del conocimiento; se rechaza la existencia de ideas innatas. Mediante el razonamiento el hombre puede descubrir las leyes que rigen el universo. Los pensadores del siglo XVIII, desarrollando las ideas de la Revolución Científica del siglo XVII, creen que el universo es como una máquina compuesta de piezas o partes que se ajustan entre ellas y funcionan de acuerdo a ciertas reglas (las leyes naturales). La tarea del investigador, del científico, es la de descubrir esas reglas mediante un método de investigación basado en la observación y la deducción. El pensador David Hume sostenía: “ Echad una mirada en torno al mundo; contemplad el todo y cada una de las partes; veréis que no es otra cosa sino una gran máquina, subdividida en un infinito número de máquinas más pequeñas que a su vez admiten subdivisiones hasta un grado que va más allá de los sentidos del hombre. Todas estas máquinas y hasta sus partes más pequeñas se ajustan entre sí con una precisión que asombra”.
La Ilustración impulsó la investigación científica

4) Confianza en la ciencia y en el progreso. Los intelectuales del siglo XVIII observaron como se producían nuevos descubrimientos, se inventaban maquinas y se aumentaba la cantidad de conocimientos que el hombre tenía. Esto provocó un gran optimismo sobre las posibilidades que el hombre tenía de seguir avanzando en el conocimiento. Pero para ellos este conocimiento tenía que estar basado en reglas precisas y exactas (de la misma manera que el universo se regía por leyes naturales precisas). Esas reglas que había que seguir para obtener un conocimiento verdadero constituían un método científico. Como consecuencia tenemos que: a) sólo mediante el acatamiento a estas reglas se podía llegar a la verdad científica; b) existía una “verdad” fuera del hombre que este podía conocer si aplicaba bien un método de investigación.


5) Búsqueda de la felicidad; en el siglo XVIII existía la firme creencia de que el hombre tiene una tendencia natural a buscar la felicidad y la sociedad y el gobierno deben hacer todo lo posible para que así sea. Creían en un “derecho a la felicidad”. La felicidad se identifica con el placer y especialmente con el goce de lo material. La búsqueda del placer individual no es malo, por el contrario se considera positivo porque el deseo de algo que da placer mueve al hombre a conseguirlo y lo impulsa a trabajar, producir o investigar para conseguir satisfacer ese deseo y obtener placer. El filósofo inglés John Locke afirmaba: “ La inquietud que un hombre siente por la ausencia de una cosa que le daría placer es lo que llamamos deseo y la inquietud es el principal, por no decir el único, aguijón que excita a la creación y a la actividad de los hombres”

La difusión de las ideas de la Ilustración.
Los salones de la aristocracia, los cafés (una novedad del siglo), las sociedades de lectura, las academias científicas y las publicaciones, ya sea de libros o de periódicos, fueron los instrumentos a través de los cuales se difundieron las ideas de la Ilustración.
Las gentes dedicadas a las letras tomaron la costumbre de reunirse para hablar. La costumbre de tomar café acababa de introducirse en Europa y en Francia desde los primeros años del reinado de Luis XV hubo lugares públicos llamados cafés en la ciudad de París. Allí los intelectuales se reunían a charlar y debatir rodeados de la concurrencia; cuando pronunciaban alguna frase que era ingeniosa era recogida por los presentes y difundida por toda la ciudad.
También se hizo costumbre que algunos personajes importantes, generalmente nobles, recibieran a escritores y científicos en su casa, se servía una comida y luego se charlaba durante horas. Los escritores leían sus obras, se discutía sobre literatura, teatro, filosofía y hasta política. Las dueñas de casa se disputaban el honor de tener como invitados a los intelectuales más celebres del momento. 
En los "salones" de algunos nobles se difundieron las Nuevas Ideas

En cuanto a las publicaciones, las nuevas ideas no fueron tan fáciles de difundir públicamente debido a la censura. Algunas críticas se empezaron a deslizar a través de novelas, relatos de viajes imaginarios, obras de teatro, etc. A veces se publicaban en folletines fáciles de ocultar, sin nombre del autor o con un nombre falso. El estado y la iglesia condenaban y quemaban las obras que consideraban “inconvenientes” y sus autores eran perseguidos y encarcelados.
Una de las publicaciones más importantes del siglo XVIII fue la Enciclopedia cuyo verdadero nombre era “Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios”. Se trataba de una publicación periódica que abarcó 28 volúmenes entre los años 1751 y 1772. La obra fue dirigida por Diderot y D’Alembert y en ella escribían diversidad de autores (entre otros Voltaire, Rousseau, Condorcet, Turgot) sobre variados temas como lo indica el nombre. Los artículos respondían a distintas corrientes de pensamiento y reflejaban tanto las nuevas ideas como la antigua forma de pensar, evidenciando la tolerancia con que se realizaba la obra.
La Enciclopedia fue el vehículo de expresión ideológica de una fracción importante de la burguesía francesa, la misma que después impulsó la revolución contra el Antiguo Régimen. La obra fue censurada y prohibida durante algún tiempo dentro de Francia. La Iglesia la condenó y la ubicó en su Index de obras prohibidas, mientras que los países más conservadores impidieron su ingreso.
Los autores del siglo XVIII consideraban que la educación era una herramienta importante para la difusión de la nueva forma de pensar y exigían que se incorporara a la enseñanza los descubrimientos de las ciencias así como el uso de la observación y la experimentación. Criticaban la forma de enseñanza tradicional puramente libresca.
Otra forma de difusión de las Nuevas Ideas fue a través de sociedades secretas como la masonería. Muchos de los defensores y difusores de la Ilustración pertenecían a logias masónicas que tenían como uno de sus objetivos desarrollar todas las actividades que mejoraran la condición humana.

LAS NUEVAS IDEAS POLÍTICAS

Los principales aportes de los pensadores de la Ilustración a las ideas políticas fueron sus críticas al absolutismo, la afirmación de que los hombres tienen derechos naturales que nadie les puede quitar (iusnaturalismo), la idea de que el gobierno surge de un acuerdo o contrato entre los hombres y que por lo tanto los gobiernos deben buscar la felicidad de esos hombres (contractualismo), la aceptación de la tolerancia y la libertad de expresión.
Todas estas ideas que hoy en día parecen comunes y aceptadas, eran una novedad para el siglo XVIII. En ese momento la población estaba acostumbrada a obedecer a un monarca y nadie tenía derecho a ofrecerle resistencia. El rey mandaba, elegía funcionarios y dictaba leyes sin importar la opinión de los habitantes del país. No existían ciudadanos sino súbditos. Los súbditos podían ser detenidos y conservados en prisión indefinidamente.
A la iglesia también había que obedecerla sin oposición. El clero decidía lo que los fieles debían creer y las costumbres que debían regir sus vidas. El que se abstenía de seguir la religión era perseguido. La iglesia tenía el apoyo del estado que usaba la fuerza para hacer cumplir lo que aquella ordenaba. Obligaba a asistir a los ritos, a comulgar, etc. El estado y la iglesia tenían una autoridad absoluta y se apoyaban mutuamente: el gobierno obligaba a los súbditos a obedecer los mandatos religiosos y perseguía a los herejes; la iglesia enseñaba a sus seguidores que debían obedecer al gobierno como representante de Dios. No obedecer a la iglesia era delito y no obedecer al rey era pecado.
En Inglaterra fue donde se produjo un cambio en esta situación. En aquel país la iglesia se había dividido en varios grupos que luchaban entre sí para imponerse y el apoyo de los gobiernos a una u otra fue cambiando según quien gobernara. A mediados del siglo XVII se había ejecutado a un rey (Carlos I) y se había establecido una república (revolución de 1648). Luego cuando se volvió a la monarquía otro rey fue destronado por una revolución y el nuevo rey había sido limitado en sus funciones (revolución de 1688). En Inglaterra, y en algunas de sus colonias en América del Norte, se empezó a decir que el poder no pertenece al rey sino al pueblo y que el poder del gobierno no viene de Dios sino de los hombres que han hecho un acuerdo o contrato para crear el gobierno. También se empezó a decir que cada persona puede elegir la religión según su conciencia y que el estado no tiene que ocuparse de asuntos religiosos.



Locke defendió el "derecho a la rebelión" contra los gobiernos tiránicos
 John Locke fue uno de los que se encargó de difundir algunas de estas ideas basadas en los hechos que se habían dado en la sociedad inglesa. En 1689 publicó “Tratado sobre el gobierno” donde expresaba: “El estado se basa en el consentimiento voluntario de los hombres que dan a los gobernantes el poder necesario para proteger sus vidas, su libertad, sus intereses y sus propiedades”. Para Locke los hombres habían vivido primitivamente en total libertad, sin reglas ni limites. Luego se reunieron para vivir en sociedad; al hacerlo se pusieron de acuerdo en que mantendrían sus derechos como la libertad y la propiedad. Para que cada hombre respetara el derecho de los demás y, por lo tanto, limitara su propio derecho, crearon el gobierno. Este fue creado entonces para garantizar los derechos de los hombres, si los viola pierde su razón de ser y el contrato entre el gobierno y los hombres se rompe, teniendo estos el derecho de rebelarse. El estado, por tanto, no tiene poder absoluto, su poder está limitado por los derechos de los ciudadanos. Locke no reclama que el gobierno este en manos de todo el pueblo; acepta la existencia de un monarca hereditario pero con su autoridad limitada a través de una asamblea o parlamento.
En 1690 Locke publicó otra obra: “Cartas sobre la tolerancia” en la que sostiene que la iglesia es una sociedad voluntaria de hombres que se reúnen para hacer un culto en común, por lo tanto una iglesia es una asociación privada que no puede imponerse a otros. Por tanto el gobierno no debe imponer ninguna religión, sino tolerarlas a todas, aunque puede tener una religión oficial, como el anglicanismo en Inglaterra.
Estas ideas se difundieron fuera de Inglaterra y llegaron a Francia donde algunos escritores las tomaron y comenzaron a criticar la situación política de este país. Para ellos los ocurrido en Inglaterra era un modelo a imitar. Entre los autores más destacados de este período se encuentran: el Barón de Montesquieu, Voltaire y Juan Jacobo Rousseau.


Montesquieu proponía la división de poderes
 EL BARÓN DE MONTESQUIEU (1689-1755)
Para este noble francés los cambios en la sociedad no son obra del azar, sino de causas perfectamente determinadas. Afirma que toda situación social lleva en sí, el germen de la situación siguiente. En su libro “El espíritu de las leyes” expresa que existe una causalidad social que está dada por las leyes que rigen todo lo existente. Las leyes creadas por los hombres deben ser armónicas con las leyes naturales que rigen la sociedad. Sin embargo no cree que exista un total determinismo y considera que las leyes humanas deben variar de un país a otro y adecuarse a las condiciones físicas, a las costumbres, religión, etc. En definitiva es el hombre el que debe legislar usando su razón para lograr las mejores normas.
Según Montesquieu hay tres tipos de gobierno:
a) el gobierno republicano que es aquel en el que todo el pueblo o una parte de él tiene el poder. Puede ser una república democrática si todos tienen el poder y para Montesquieu sólo puede darse en ciudades pequeñas donde todos los vecinos pueden reunirse en la plaza para decidir que hacer. O puede ser una república aristocrática cuando sólo algunos gobiernan.
b) el gobierno monárquico donde gobierna uno sólo pero de acuerdo a leyes fundamentales que debe respetar.
c) el gobierno despótico, donde uno sólo gobierna pero de acuerdo a su capricho, sin leyes ni reglas, y donde el que gobierna es obedecido por el temor que infunde.
Para Montesquieu la mejor forma de gobierno, para su época, es la monárquica. Toma como modelo al gobierno inglés y sostiene que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial deben estar separados y en equilibrio.

VOLTAIRE (1694-1778)
No fue un teórico y su obra es contradictoria; fue reconocido y admirado por sus contemporáneos y fue consejero de importantes personajes como la reina Catalina de Rusia y Federico II de Prusia.

Voltaire criticó con humor a la sociedad
 Voltaire (cuyo verdadero nombre era François Marie Arouet) pertenecía a una rica familia y había recibido desde niño una esmerada educación. Muy joven fue encarcelado por pelear con un noble. Viajó a Inglaterra y a su regresó publicó “Las cartas filosóficas” en las que expresaba su admiración por el sistema de gobierno de aquel país. La autoridad francesa condenó el libro y ordenó quemarlo así como arrestar a su autor.
Pero a pesar de esa admiración temprana por la monarquía limitada creía que una monarquía absoluta podía ser un buen gobierno sí los reyes escuchaban los consejos de los filósofos. Fue un precursor del despotismo ilustrado ya que consideraba que mediante la administración se podían corregir los males de la sociedad. Propone mantener el gobierno tal cual era haciendo algunas reformas como prohibición de detenciones arbitrarias, supresión de la tortura y de la pena de muerte, libertad de pensamiento, supresión de las aduanas interiores para permitir el libre comercio dentro de los países, mejorar el cobro de impuestos.
Fue un severo crítico de las costumbres de su época y especialmente de la Iglesia. Anticlerical y deísta, consideraba que la Iglesia era el sustento de la superstición y el fanatismo. Alababa la libertad religiosa que había en Inglaterra, donde  decía “...el hombre libre va al cielo por el camino que le conviene”. Era partidario de una religión natural, es decir de la creencia en dios o la providencia y en la inmortalidad del alma, pero sin ritos, ni dogmas, ni sacerdotes.
No creía en la igualdad social y consideraba beneficioso la jerarquización de la sociedad en clases sociales. Consideraba conveniente no desarrollar la educación de las clases bajas. En un carta a un amigo decía: “ ...Me parece esencial que existan mendigos ignorantes, no es al peón a quien hay que instruir, sino al buen burgués, al habitante de las ciudades. Cuando el populacho se mete a razonar, todo está perdido...” . Nadie mejor que Voltaire expresa los deseos de la alta burguesía de su época.

JUAN JACOBO ROUSSEAU (1712-1778)

Rousseau desconfiaba de los gobiernos
 La vida y las ideas de Rousseau se diferencian claramente de otros de los filósofos de la Ilustración. De origen humilde y autodidacta en su educación, pudo encumbrarse en la fama gracias a su genio literario pero despreció la riqueza y la fama. Es el más radical de los pensadores del siglo XVIII y no comparte la fe en el progreso de la civilización que caracterizó a la Ilustración. Su principal obra fue “El contracto social” libro en el que expone sus ideas políticas.
Para Rousseau el hombre nace libre en un estado de naturaleza, donde vive como un salvaje, pero es un salvaje feliz. Vive con independencia respeto a los demás hombres. Pero la necesidad de conservación obliga a los hombres a abandonar su independencia y libertad absoluta para unirse y vivir en sociedad. Se produce entonces el contrato social, o sea los hombres renuncian a su libertad total y obtienen una libertad convencional que se rige por las leyes. Los hombres viviendo en sociedad forman el soberano que es el que tiene que hacer esas leyes.
Rousseau define a la soberanía como la voluntad general dirigida a obtener el bien común. Esa voluntad general se expresa a través de las normas creadas para permitir una mejor convivencia entre los hombres. Por lo tanto el soberano es el conjunto del pueblo y no el gobierno. La soberanía, o sea la voluntad general, la voluntad del pueblo, no se puede enajenar, ni se puede delegar en otros, por lo tanto no cree que el gobierno representativo sea adecuado: nadie puede representar al pueblo. La soberanía es indivisible, porque el interés del pueblo es uno sólo, por lo tanto Rousseau no está de acuerdo con la división de poderes. El poder ejecutivo lo que hace es aplicar la ley pero la ley sólo puede hacerla el soberano.
Para Rousseau el rey y el parlamento al estilo inglés no representan al soberano. Los gobernantes son sólo “comisarios” del pueblo, o sea hacen una comisión en nombre de aquel. “Cuando un pueblo se da representantes deja de ser libre” sostiene. A diferencia del inglés Locke, considera que el gobierno no surge del contrato social ni es parte de él. El pueblo debe gobernarse a si mismo. El gobierno debe ejercerse directamente por los hombres, como se hacía en la antigüedad. Rousseau ve con nostalgia las comunidades rurales pequeñas donde los hombres se reunían bajo un árbol a decidir su organización.


Pero para eso se necesitan estados pequeños que no sean más grandes que una aldea y hombres que no sean ambiciosos. Rousseau observa que esa no es la realidad. El progreso, la civilización, la ambición, el egoísmo, han corrompido al hombre. En procura de obtener dinero los hombres se ocupan de sus asuntos personales y se desinteresan de los asuntos públicos delegando la soberanía en otros.
Sin embargo Rousseau no cree que se pueda volver a la época anterior al contrato social, al estado de naturaleza, del salvaje feliz. “No podemos quemar las bibliotecas y volver al bosque junto a los osos” señala. Por lo tanto se debe hacer un nuevo contrato o llegar a una forma de vida lo más parecida posible al período inmediatamente posterior al contrato.

LAS NUEVAS IDEAS ECONÓMICAS
En el transcurso del siglo XVIII algunos autores formularon nuevas ideas sobre la generación de la riqueza. Se destacan los franceses Quesnay y Gournay  que pertenecían a la fisiocracia , y el inglés Adam Smith.

LOS FISIÓCRATAS
La Fisiocracia es un mezcla de liberalismo económico y de despotismo ilustrado.  Sus ideas giraban en torno a cuatro temas: la naturaleza, la libertad, la tierra y el despotismo legal.
Los fisiócratas creían en las la existencia de leyes naturales que regían no sólo la naturaleza sino la sociedad y la economía. Sostenían que el hombre recibía de la naturaleza la propiedad exclusiva sobre su persona y también de las cosas que pudiera adquirir mediante su trabajo y esfuerzo.
Para ellos la forma más autentica y representativa de la propiedad es la propiedad de la tierra; consideraban quela agricultura era la única actividad generadora de riquezas y por lo tanto los dueños de las tierra son los únicos que pueden enriquecer al país.
Los fisiócratas son contrarios a toda reglamentación de la economía por parte del estado. Una reglamentación puede afectar el normal desarrollo de la leyes naturales; las leyes humanas sólo deben reconocer y expresar las leyes naturales. Su fórmula es “laissez faire, laissez passer” ( dejar hacer, dejar pasar).
Eran partidarios de la monarquía absoluta, donde el rey tenía una autoridad superior y por encima de los intereses de los particulares. El rey debía regirse por las leyes naturales tratando de no entorpecer su cumplimiento inevitable.
Quesnay se interesaba sobretodo por la agricultura y dio origen a la corriente de pensamiento que se llamó fisiocracia, o sea gobierno de la naturaleza. Para Quesnay la tierra era la única fuente de riqueza, porque el cultivo de la tierra produce todo aquello que puede desearse. Los agricultores son los únicos a quienes realmente puede llamarse productores; cuando él hablaba de agricultores no se refería a los trabajadores sino a los propietarios de las tierras. Estos no deben ser molestados por ninguna traba de parte del estado, quien no debe fijar precios a los productos agrícolas y debe dejar que los productos circulen libremente. Sostiene que no debe ponerse impuestos a la compra y venta de los productos de la tierra, sino al suelo.

EL LIBERALISMO ECONÓMICO: ADAM SMITH
Adam Smith (1723-1790) expresó en sus libros el ideal de una clase social y de un país en plena expansión: la burguesía inglesa.
Smith conoció el pensamiento de los fisiócratas en un viaje realizado a Francia. Adhirió a sus ideas básicas, peró les dió mayor profundidad y rigor científico. Para los fisiócrats la fuente de riqueza era la agricultura. Para Adam Smith el que genera riqueza es el trabajo, sea aplicado a la agricultura o a la industria o la pesca, etc. En su principal obra escrita “La riqueza de las naciones”, dedica varios capitulos a analizar y describir la forma en que el trabajo es más eficiente y por lo tanto capaz de crear más riqueza. Consideraba que la división del trabajo y la especialización de cada uno en una tarea determinada aumentaba la eficiencia.
Para los fisiócratas los agricultores constituyen la principal clase porque lo que ellos hacen es la única producción de cosas que permite el bienestar del resto de la sociedad. Para Smith en la sociedad hay diversas clases de productores que son interdependientes: el agricultor libera al artesano de la tarea de producir alimentos (el artesano se los compra), pero a su vez el artesano libera al agricultor de tener que fabricar herramientas, muebles o vestidos (el agricultor se los compra).
Para Adam Smith existe un orden natural como también creían los fisiócratas, pero ese orden natural tiene una causa psicológica: los hombres buscan el placer, el bienestar personal y hacen todo aquello que los proporciona ese bienestar. Cuando el hombre actúa en la sociedad o con móviles económicos lo hace procurando su bienestar individual. La suma de los intereses particulares lleva a la existencia de un interés general y el bienestar individual lleva al bienestar colectivo. Por eso el gobierno debe abstenerse de dirigir la economía: debe dejar que los individuos se muevan por su cuenta, guiados por su interés personal. El estado sólo debe dedicarse a mantener el orden, hacer respetar las leyes, proteger la propiedad privada y facilitar la producción.
Por lo tanto no se debe limitar ni poner trabas a las actividades privadas. Debe dejarse en libertad de acción a los agentes económicos (productores, consumidores, empresarios, trabajadores) para que compitan entre ellos tratando de obtener cada uno el mejor resultado para obtener bienestar. La libre competencia se regula por las leyes naturales como la de oferta y demanda: la oferta es la cantidad de bienes disponibles; la demanda la la suma de necesidades a cubrir. Cuando la demanda es mayor que la oferta aumenta la compra de productos, aumentan los precios; cuando hay más oferta que demanda se da el proceso contrario, hay mas interés en vender y los precios bajan.
Estas ideas serán la base ideológica del liberalismo económico del siglo XIX y del neoliberalismo del siglo XX.