En el siglo XVIII la sociedad seguía dividida en tres estados, pero pronto cambiaría

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

El siglo XVIII termina con un acontecimiento que representa las tendencias de cambio que caracterizaron ese siglo: la Revolución Francesa. Esta revolución es parte de las llamadas Revoluciones Liberales como la revolución de las colonias inglesas de América del Norte (1776) y la revolución Hispanoamericana (1810-1825), que recogieron las ideas de la Ilustración y pusieron en práctica las ideas económicas y políticas de la burguesía. Por eso también se conocen como “revoluciones burguesas”.
La revolución iniciada en Francia en 1789 es la más recordada de todas las revoluciones liberales porque:
a) Provocó cambios profundos y con consecuencias perdurables.
b) Su ejemplo y sus símbolos (como la bandera tricolor y la canción La Marsellesa) se extendió por el resto de Europa y sirvió como modelo para los movimientos revolucionarios del siglo XIX.
Entre las causas de la Revolución Francesa podemos distinguir: 1) las profundas que se encuentran en la situación económica, social y política de Francia; 2) las causas inmediatas o desencadenantes que dieron inicio al proceso que se venía gestando desde hacía tiempo.


LOS FACTORES PROFUNDOS DE LA REVOLUCIÓN

           
SITUACIÓN ECONÓMICA
 La agricultura era la base de la economía francesa y se mantenía un antiguo sistema de trabajo de las tierras con grandes propiedades en manos de los nobles y muchos campesinos pobres que trabajaban para esos nobles (sistema de servidumbre). En años normales las cosechas apenas alcanzaban para alimentar a la población pero una sequía o demasiadas lluvias provocaban hambre.
En algunas regiones se Francia se habían comenzado innovaciones, cercándose los campos comunales (trabajados en común por los campesinos sin tierras propias) y usando nuevas técnicas de cultivo. Se intentaba introducir una explotación económica más productiva pero la consecuencia fue que muchos campesinos se quedaron sin los campos comunales para sus animales y sin la leña de los bosque comunes.
La industria se basaba en el trabajo artesanal limitado por los reglamentos de los gremios o corporaciones de artesanos. Los gremios dirigidos por los maestros artesanos limitaban la producción para evitar la competencia: había un número limitado de artesanos por ciudad y se fijaban los precios y la calidad de los productos. Los burgueses ricos que querían invertir en la producción industrial no podían hacerlo y reclamaban el fin de las corporaciones artesanales para poder invertir libremente su dinero.
El comercio dentro de Francia estaba limitado por varios obstáculos: aduanas internas (se pagaban impuestos por pasar mercadería de una provincia a otra), peajes (que cobraban los nobles por pasar por sus tierras), los diferentes sistemas de pesas y medidas (que variaban de una región a otra) y la escasez de moneda.
El sistema impositivo era injusto y privilegiaba a los nobles que no pagaban impuestos, al igual que el clero. La necesidad de dinero por parte del estado endeudado imponía un aumento de los impuestos a quienes ya los pagaban. Durante el gobierno de Luis XV se había intentado igualar el pago de impuestos pero los nobles se habían opuesto. La resoluciones del rey aprobando que los nobles también pagaran impuestos no fueron aceptadas por el Parlamento. Este no era, como en Inglaterra, un órgano legislativo, sino un tribunal de justicia que tenía la función de registrar las leyes hechas por el monarca. El Parlamento, integrado por nobles, se negó en varias ocasiones a registrar leyes que obligaban a los nobles a pagar impuestos.

SITUACIÓN SOCIAL
 Al iniciarse la revolución Francia tenía unos 25 millones de habitantes con un importante crecimiento de población y muchos jóvenes. No debe descartarse que el impulso y entusiasmo de los jóvenes hayan desempeñado un papel estimulante en la revolución.
El aumento de población no había sido acompañado por un aumento en las oportunidades de empleo. Además, después de la pérdida de colonias que Francia tuvo en 1763, se había reducido la posibilidad de enviar emigrantes hacia las colonias. La población joven, sin trabajo y sin posibilidades de emigrar fue sin duda una de las causas de la revolución.

Los tres estados
 La población estaba dividida legalmente en tres estamentos o estados: el clero, la nobleza y el tercer estado.
El clero representaba un papel importante en una época donde la religión tenía tanta influencia social. El clero tenía su propia organización administrativa, sus tribunales de justicia y sus propios recursos económicos (era propietario de una décima parte de las tierras). Tenía el monopolio de la enseñanza y una enorme influencia en el pensamiento y comportamiento de los campesinos. Dentro del clero había profundas diferencias de fortuna, origen social y modo de vida. El alto clero estaba formado por las jerarquías religiosas, sus integrantes eran nobles y poseían bienes. El bajo clero provenía del tercer estado, tenía escasos recursos y compartía los problemas e inquietudes de los sectores no privilegiados.
La nobleza podemos dividirla en dos. La nobleza de sangre o de espada era la tradicional, la que se enorgullecía de tener varias generaciones de antepasados nobles. Una parte considerable de ella residía en el Palacio de Versalles formando parte de la corte que rodeaba al rey (la nobleza cortesana). Otra parte de la nobleza tradicional vivía en el campo, en sus tierras; unos eran grandes propietarios que vivían del trabajo de los campesinos, otros eran nobles empobrecidos que sostenían penosamente las apariencias de su pasada grandeza.
La nobleza de toga estaba formada por aquellos que habían comprado su título de noble junto con un cargo administrativo en el estado. El estado francés necesitado de dinero vendía cargos que eran comprados por los burgueses ricos que querían ennoblecerse.
Los nobles deseaban someter al rey a sus deseos y mantener sus privilegios. Estos privilegios eran muchos: honoríficos (portar armas, un lugar reservado en la iglesia, escudo familiar, etc), fiscales (no pagaban impuestos y los podían cobrar), sociales y políticos (ocupar cargos de oficiales en el ejército, diplomáticos, altos cargos judiciales).
La mayoría de la población francesa pertenecía al tercer estado. Dentro de este había situaciones muy distintas con grandes diferencias económicas, modo de vida, educación, etc. Dentro del tercer estado estaban los burgueses ricos, los artesanos, los trabajadores de la ciudad, los campesinos con tierras, los campesinos pobres y los siervos entre otros. La burguesía la integraban financistas (banqueros, recaudadores de impuestos, especuladores), comerciantes, profesionales y maestros artesanos. Había diferencias entre la alta burguesía y los comerciantes minoristas y los artesanos que formaban la mayoría de este sector y a quienes se llamaba “el pueblo”.
Todos los sectores de la burguesía coincidían en reclamar la abolición de los privilegios de los nobles y del clero, obtener mayor libertad comercial eliminando las aduanas interiores; se oponían a que los nobles siguieran cobrando peajes y obstaculizando el comercio. La intelectualidad burguesa quería mayor libertad para investigar y expresarse.

Sans-culottes
Pero las diferencias económicas de los diversos sectores de la burguesía les creaba intereses distintos y les impedía aparecer como una fuerza única. Por ejemplo los grandes comerciantes dedicados a la importación y exportación querían libre comercio con otros países mientras que los industriales se veían perjudicados si ingresaban productos manufacturados extranjeros.
Otro sector del tercer estado eran los trabajadores urbanos, las clases bajas de las ciudades, empleados que vivían de un salario escaso y que no tenían seguridad de mantener su empleo. Eran conocidos como “sansculottes” (sin culotes) ya que usaban pantalones y no el “culote” o calza como los sectores adinerados. Sus dificultades, sobretodo si había desempleo, los convertía en una masa furiosa y violenta, que tendrá un protagonismo importante durante la revolución.
También formaban parte del tercer estado los campesinos, que constituían el 85% de la población. También entre ellos había grandes diferencias, pues, mientras unos tenían grandes plantaciones, otros tenían pequeños campos, otros eran arrendatarios (alquilaban los campos de otros) y, finalmente, estaban los jornaleros que trabajaban para otros. Aún había siervos que estaban obligados a trabajar para los nobles. Nueve de cada diez familias campesinas no poseían tierras suficientes para mantenerse y debían trabajar como jornaleros para propietarios más grandes. Si se endeudaban y no podían pagar, perdían sus tierras y terminaban como mendigos o bandidos. La vida de la mayoría de los campesinos era penosa y sin comodidades. La mayor parte de los impuestos recaían sobre los campesinos: pagaban los impuestos al estado (talla, vigésimos, gabela, capitación), a la iglesia (diezmos), y a los nobles (los derechos señoriales como uso del molino, horno y bodega del noble, arreglar caminos y construcciones del noble, etc). Los nobles que se empobrecían por su falta de inversión o su incapacidad, presionaban cada vez más a los campesinos para obtener ganancias.

SITUACIÓN POLÍTICA


Luis XVI
Francia era gobernada por un régimen de monarquía  de derecho divino. El rey hacía la ley, la aplicaba y tenía el poder de juzgar. Teóricamente su poder era absoluto, pero en la práctica el poder efectivo del monarca estaba disminuido por las condiciones personales del rey. Luis XVI era débil, tímido, impopular y estaba bajo la influencia de su esposa maría Antonieta, frívola y alejada de la realidad francesa.
Se cuenta que cuando Luis asumió el cargo, con veinte años de edad, expresó “Dios mío protégenos, somos demasiado jóvenes para gobernar”. Durante su reinado no mostró mucho interés ni capacidad para la política, prefiriendo dedicarse a la caza y a las actividades manuales.
La organización del estado francés era caótica superponiéndose los poderes y las funciones de diversos organismos. La administración de las provincias se regía por diferentes normas y los límites entre las jurisdicciones administrativas, judiciales militares no coincidían. Había distintas leyes según la región. Muchos funcionarios habían comprado sus cargos (por ejemplo jueces) y no estaban capacitados pata ejercerlos o los usaban para su provecho personal.
Otra causa de la revolución fue la influencia de la Ilustración. Francia era el foco de difusión de las nuevas ideas del siglo XVIII. La crítica implacable al absolutismo y al clero, la búsqueda de libertad política y económica tan ansiada por la burguesía, la difusión del deísmo, el reclamo de igualdad ante la ley poniendo fin a los privilegios, fueron difundiéndose entre la población, o al menos entre sus sectores más educados. Los cafés, los salones donde importantes personajes de la sociedad recibían a los intelectuales y las publicaciones, fueron creando una mentalidad partidaria de los cambios.

CAUSAS DESENCADENANTES DE LA REVOLUCIÓN


La reina Maria Antonieta, su origen austríaco
y su frivolidad la hicieron poco amada
por los franceses
En la década de 1780 se fueron desarrollando acontecimientos que perjudicaron a muchos sectores de la sociedad francesa. En 1785 se produjo una sequía que perjudicó la cosecha de trigo aumentando el precio de la harina y del pan, principal alimento de la mayoría de la población. Muchos franceses creían que el aumento del precio de la harina no sólo era por la escasez de trigo provocada por la sequía sino por que los molineros lo escondían para hacer aumentar su precio y tener más ganancias. Los más pobres atacaban a los molineros e incluso asaltaban las panaderías para llevarse el pan.
Por otro lado la sequía provocó un aumento de la producción de uva creando una gran oferta de vinos. Esto causó la caída del precio del vino que era uno de los productos vendidos por los propietarios de tierras. Los medianos y pequeños propietarios, al ver la caída del precio del vino, disminuyeron sus compras arruinando a los artesanos y comerciantes.
Otro hecho que generó problemas económicos fue el acuerdo de libre comercio con Inglaterra en 1786. Este acuerdo permitió el ingreso de mercadería industrial inglesa en territorio francés; los productos franceses no podían competir con los ingleses que eran más baratos. Esto provocó la ruina de los artesanos.
La principal causa desencadenante fue el déficit del estado. La Hacienda Real, es decir la cantidad de dinero disponible por el gobierno, tenía un déficit permanente: los gastos superaban a los ingresos en un 20%. Los gastos en las guerras y en la Corte de Versalles habían generado una deuda que ya era considerable en el gobierno de Luis XV. La participación de Francia en la guerra de las colonias inglesas de América del Norte contra Inglaterra, generó más gastos, sin obtener nada a cambio.
Para solucionar el déficit varios ministros intentaron sin éxito llevar adelante reformas impositivas. Siempre sucedía lo mismo: los sectores privilegiados se oponían y los ministros tenían que renunciar. Uno de ellos, Necker, al renunciar publicó los gastos de la corte de Versalles, donde los nobles se divertían en fiestas y bailes que pagaba el estado. En los sectores populares creció el descontento al comparar sus penurias con la vida fastuosa de los cortesanos que era mantenida con los impuestos que ellos pagaban.
Otro de los ministros, Calonne, que también consideraba necesario reformar impuestos y que los nobles pagaran una subvención territorial (es decir un impuesto a la tierra), le propuso a Luis XVI que convocara una “asamblea de notables” para decidir que medidas tomar. Esta asamblea fue convocada en febrero de 1787 designando el rey a sus integrantes, todos ellos nobles o integrantes del alto clero. Esta asamblea se opuso a la reforma impositiva y Calonne renunció.
El nuevo ministro, Brienne, intentó una nueva reforma impositiva que también fue rechazada. El rey disolvió la asamblea y decidió imponer impuestos que también los nobles pagarían. El Parlamento de la ciudad de París, que debía registrar la ley para que esta se cumpliera, se negó a registrarla. Se trataba de una rebelión de los nobles contra una decisión del rey. Y aunque el registro de la ley era un simple acto administrativo, trababa la reforma impositiva. Luis XVI suspendió al Parlamento de París y desterró a sus integrantes. Los parlamentos de las provincias reaccionaron promoviendo una protesta en el interior de Francia. El rey dejó de lado la reforma impositiva, perdonó a los desterrados y decidió pedir un nuevo préstamo. Para sentirse más respaldado decidió convocar a los Estados Generales.


EL INICIO DE LA REVOLUCIÓN

Los Estados Generales eran una asamblea integrada por representantes de los tres estados o estamentos: clero, nobleza y tercer estado. Representaban la opinión de toda la sociedad, pero desde 1614 no se reunían. Ni Luis XIV ni Luis XV los habían convocado porque ellos eran reyes absolutos y no querían los consejos de esa asamblea. Luis XVI los convocó para resolver el problema del déficit sin saber que estaba desencadenando un proceso que no podría dominar.
Se hicieron elecciones en toda Francia para elegir a los representantes de los tres estados. La nobleza eligió preferentemente representantes que fueran defensores de la tradición y los privilegios, pero también fueron elegidos algunos nobles liberales, es decir nobles que habían recibido influencia de las Nuevas ideas y eran partidarios de hacer reformas.
La mayoría de los representantes del clero pertenecían al alto clero, pero también había representantes del bajo clero que tenían afinidad con el tercer estado.
En el tercer estado los burgueses obtuvieron todos los cargos; no había campesinos ni trabajadores urbanos electos. Pero los integrantes de la burguesía, especialmente los intelectuales, entendía que ellos representaban a todo el tercer estado y hablaban en nombre del “pueblo”.
Al hacerse las elecciones se redactaron los reclamos que los representantes harán en los Estados Generales. Estos reclamos se conocen como “los cuadernos de quejas”. Cada ciudad, cada aldea, tenía sus propios reclamos, pero hay algunos que se repiten: limitar el poder del rey para evitar abusos, reformar el sistema administrativo y judicial, suprimir los privilegios, igualdad ante la ley, abolición de los impuestos de los nobles y del clero.
El tercer estado había obtenido del rey la posibilidad de tener el doble de representantes que los otros dos estados. Esto se debía a que claramente la mayoría de la población francesa, más del 90%, pertenecían al tercer estado. Si el número de representantes fuera proporcional a la población deberían tener muchos más, pero tener el doble ya era algo. A la nobleza y al clero no los inquietaba que el tercer estado tuviera el doble de representantes porque los estados se reunían por separado para discutir y resolver. Como los nobles y el clero coincidían en muchas cosas, por ejemplo mantener sus privilegios, triunfarán sobre cualquier propuesta reformista del tercer estado.
El 5 de mayo de 1789 se realizó en Versalles la sesión inaugural de los estados Generales. Luego de que el rey declarara abierta la asamblea se procedió a verificar los poderes de los representantes para verificar que habían sido correctamente elegidos. Los nobles y el clero se dispusieron a hacerlo como se había hecho en los antiguos Estados Generales, o sea cada estado por separado. El tercer estado expresó que debía hacerse en conjunto. Parecía una cuestión de simple procedimiento pero en realidad lo que quería el tercer estado era que todas las reuniones se hicieran con los representantes de los tres estados juntos y que el voto se hiciera por cabeza o representante, de esa manera sumando el doble número de representantes que tenía, más el posible apoyo de los nobles liberales y el bajo clero, obtendría la mayoría de votos para que se aprobaran sus propuestas.

Juramento del frontón
 Por varios días se prolongó la discusión sobre si se reunían juntos o separados los tres estados y finalmente los representantes del tercer estado invitaron a los demás representantes a sesionar juntos y constituirse en una Asamblea Nacional. Se trataba de un acto revolucionario, porque iba en contra de la tradición y modificaba el motivo de la convocatoria. El 20 de mayo Luis XVI ordenó cerrar la sala de sesiones para impedir que el tercer estado formara esa Asamblea Nacional. Entonces los representantes del tercer estado cruzaron a un local cercano que se usaba como cancha de pelota o frontón y juraron mantenerse unidos hasta lograr cambios en Francia. Este episodio es conocido como el “juramento del frontón o de la cancha de pelota”.
La toma de la Bastilla: el pueblo salió a la calle
y tomó las armas
El 23 de mayo el rey convocó a los tres estados y amenazó a quienes intentaban alterar el orden y dispuso el desalojo de la sala. Los representantes del tercer estado no se retiraron. Algunos representantes de la nobleza y del clero se les unieron y de hecho comenzaron a funcionar como Asamblea Nacional Constituyente. La transformación de los Estados Generales en Asamblea Constituyente significaba una revolución pacífica dirigida por la burguesía ante el estupor de los nobles y las vacilaciones del rey.
Pero la Asamblea no podía considerarse segura porque el rey disponía de la fuerza militar y los nobles no estaban dispuestos a perder el dominio de la situación. La intervención del pueblo, y especialmente del pueblo de París, aseguró el triunfo de la revolución. El aumento del precio del pan había creado una inquietud colectiva que podía desembocar en un estallido de violencia ante el más pequeño incidente. Y eso ocurrió el 14 de julio de 1789. Al difundirse el rumor de que el rey utilizaría al ejército para disolver a la Asamblea, la población de París se lanzó a la calle en procura de armas. Como alguien recordó que en la fortaleza conocida como La Bastilla se guardaba pólvora, se dirigieron hacia ella y la tomaron a la fuerza. Si la formación de la Asamblea fue una revolución pacífica y burguesa, la toma de La Bastilla le dio un carácter violento y popular a la revolución.
Luis XVI aceptó los hechos: hizo retirar al ejército concentrado en Versalles y designó ministro de Hacienda a Necker quien se había ganado la popularidad al publicar los gastos de la corte. El rey se presentó en Paris donde el alcalde de la ciudad le entregó una escarapela tricolor (blanco, color de la monarquía, rojo y azul, los colores de la ciudad de París) simbolizando la alianza del rey y el pueblo. La Asamblea nacional creó su propio ejército, la Guardia Nacional, y designó a Lafayette, noble liberal que había participado en la revolución de los norteamericanos contra Inglaterra, como su jefe.
En el campo los campesinos dejaron de pagar impuestos, en algunos lugares asaltaron los castillos y cometieron actos de violencia contra los nobles. Un odio acumulado tras muchos años de humillaciones explotó en forma violenta y espontánea.
La revolución estaba en marcha.

EL INTERES DE LOS DIVERSOS SECTORES SOCIALES


Al comenzar la revolución los sectores que participan en ella tienen algunos intereses en común, pero también tienen intereses propios.
Los nobles liberales querían lograr algunos cambios aplicando las nuevas ideas (sobretodo de Montesquieu y los fisiócratas), manteniendo la monarquía pero limitada como era en Inglaterra.
El interés de la alta burguesía coincidía con la nobleza liberal en la monarquía limitada y elegir un parlamento mediante el voto censatario (sólo votaban los que tenían más dinero). Querían gobernar para imponer cambios económicos que le permitieran invertir libremente en el comercio y la industria.
La media y baja burguesía reclamaban mayores cambios, querían la libertad de comercio dentro de Francia pero se oponía a abrir las fronteras a los productos ingleses. Querían la igualdad de derechos y aspiraban a una monarquía parlamentaria, donde ellos también podrían votar e incluso, algunos, querían una república.
Los campesinos ricos querían que se eliminaran los privilegios de la nobleza y el clero y que se eliminaran las aduanas internas; en esto coincidían con los burgueses. Pero políticamente eran conservadores y partidarios de mantener los poderes del rey.
            Los campesinos pobres querían tierras y no pasar hambre. Como los pobres de la ciudad carecían de educación y estaban ajenos a las ideas políticas. Estaban muy influenciados por la iglesia católica y eran monárquicos. En el desarrollo de la revolución, en varios lugares de Francia, actuaron como antirrevolucionarios.
Los sansculottes, los trabajadores de la ciudad y los sectores marginados tenían como principal interés no pasar hambre. Eran una fuerza impresionante y por eso los grupos políticos creados durante la revolución intentarán ganar su apoyo manipulándolos. La desesperación los llevaba a radicalizarse y actuar violentamente.


ETAPAS DE LA REVOLUCIÓN


La Revolución Francesa es un acontecimiento histórico muy complejo. Se inició dirigida por ciertos sectores sociales con determinados objetivos pero luego otros sectores se impusieron y también impusieron sus objetivos. Además del antagonismo entre los sectores antirrevolucionarios (monarca, nobles, alto clero) y los sectores revolucionarios, hay enfrentamiento dentro de los propios revolucionarios. De acuerdo a quienes dirigen la revolución y su obra podemos marcar etapas en ella.

ETAPA DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE (1789-1791)
En esta primera etapa Francia queda organizada de hecho como una monarquía parlamentaria: se mantuvo al rey Luis XVI pero este tuvo que aceptar a la fuerza la existencia de la Asamblea Constituyente, que tenía dos funciones: hacer una constitución y hacer las leyes.. En esta etapa la revolución es dirigida por nobles liberales como Lafayette y Mirabeau y la alta burguesía.
Luego de la toma de la Bastilla los nobles intentaron una contrarrevolución, pero los sectores populares de parís se movilizaron para impedir cualquier intento de volver atrás. Una manifestación de mujeres se dirigió a Versalles reclamando por el precio del pan y para que el rey aceptara de la Declaración de Derechos aprobada por la Asamblea. El rey fue obligado a abandonar Versalles y establecerse en el palacio de las Tullerías en París. Muchos nobles comenzaron a irse a países vecinos donde buscaron ayuda de los monarcas para terminar con la revolución.
Dentro de la Asamblea Constituyente se notan divisiones entre los revolucionarios. Por un lado los que no querían hacer demasiados cambios y querían que el rey conservara parte de su poder y que se sentaron en la parte derecha de la sala donde funcionaba la asamblea. Por otro lado los que quería cambios más profundos y querían limitar más al re y que se sentaban a la izquierda. De ahí provienen los nombres de “derecha” e “izquierda” que hasta hoy se usan en política.
Fuera de la asamblea se organizaron clubes donde se discutían las medidas a tomar, se distribuían volantes, se editaban periódicos y había un clima de agitación permanente.
El rey, que esta en acuerdo con los nobles emigrados y los monarcas extranjeros para terminar con la revolución, intentó huir con su familia, pero fue descubierto y llevado de nuevo a París. Se le mantuvo en el cargo pero aumentó la desconfianza de los revolucionarios hacia él.
La Asamblea redactó y aprobó una constitución que al entrar en vigencia establecía la monarquía parlamentaria como forma de gobierno. El poder ejecutivo quedaba en manos del rey y el legislativo en manos de la Asamblea Legislativa.

ETAPA DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA (1791-1792)
Robespierre, llamado "el incorruptible"
En esta etapa los nobles desaparecen de la vida política. Los contrarrevolucionarios lograron su objetivo de obtener apoyo extranjero y varias monarquías declararon la guerra a Francia. En realidad no peleaban contra el rey de Francia sino contra el gobierno revolucionario. Tenían miedo que la población de sus países imitara lo que estaba pasando en Francia. Para los monarcas absolutistas la revolución francesa se convierte en un problema europeo y para los franceses la revolución se transformó en un problema de independencia nacional. Para algunos dirigentes revolucionarios la guerra con otros países podía servir para crear un clima de patriotismo que uniera a todos detrás del gobierno. Incluso algunos tenían la ilusión que la guerra permitiera extender la revolución al resto de Europa terminando con el absolutismo.
Sólo un sector minoritario dirigido por Maximiliano Robespierre se oponía a la guerra señalando que el rey y los oficiales del ejército estaban esperando el momento para traicionar a la revolución. Y si se producía una victoria militar esto prestigiaría a los militares y Francia podía ser arrastrada a una dictadura militar.
Mientras en París se temía la invasión de Austria y Prusia y la población se alistaba voluntariamente para pelear, Luis XVI mantenía correspondencia con los reyes de esos países alentando la invasión. La izquierda reclamaba la abolición de la monarquía, mientras la derecha, temerosa de una rebelión popular que los desplazara del poder se acercó a el rey. El 10 de agosto de 1792 estalló una rebelión popular en París, se desconocieron las autoridades y se creó una Comuna para el gobierno de la ciudad. Los más furiosos asaltaron el palacio del rey y este buscó la protección de la Asamblea a la que tanto odiaba, pero dadas las circunstancias, era su única salvación.
Pero la situación había cambiado. La Asamblea Legislativa decidió suspender al rey y encarcelarlo y convocar una Convención para decidir el futuro gobierno de Francia.

ETAPA DE LA CONVENCIÓN (1792-1795)
Con la suspensión y encarcelación del rey Francia quedó organizada como una república. Una de las primeras decisiones de la Convención fue proclamar, el 21 de setiembre de 1792, la abolición de la monarquía y la creación de la república. El rey fue sometido a juicio y encontrado culpable de traición por lo que ejecutado.
La Convención tenía que hacer una nueva constitución y redactar leyes; las funciones ejecutivas del gobierno quedaron a cargo de comités designados por la Convención. En realidad quienes gobernaban eran aquellos sectores que podían movilizar a la población en su apoyo.
            Durante esta etapa hay dos grupos que van a predominar y a enfrentarse entre sí. Los moderados, conocidos como girondinos o brissotinos (por el nombre de su líder Brissot), partidarios de mantener el orden y la libertad económica, eran respaldados por poderosos comerciantes. Los montañeses (se sentaban en la parte alta de la convención, llamada “la montaña”), dentro de los cuales se encontraban los jacobinos, grupo dirigido por Robespierre, que planteaba cambios económicos que favorecieran a los sectores populares.
Ejecución en la guillotina
            Los jacobinos, con el apoyo de los sansculottes de París, vana controlar el gobierno entre junio de 1793 y julio de 1794. Van a aplicar medidas drásticas como la expropiación de las tierras de los nobles emigrados para vendérselas a los campesinos y controlar la compra y venta de trigo para evitar el aumento del precio del pan, así como la asistencia del estado a viudas y ancianos.
            Pero a los jacobinos le era difícil controlar la situación por que en las provincias había rebeliones que debilitaban la unidad del gobierno. Además se mantenía la guerra contra los otros países y se temía la traición de los moderados. El asesinato del jacobino Marat por parte de la girondina Carlota Corday exaltó los ánimos y los jacobinos recurrieron a medidas muy severas. Comenzó así el período conocido como “el terror” donde los sospechosos de estar en contra de la revolución eran arrestados y ejecutados en la guillotina. En tres meses que Robespierre y sus seguidores controlaron la situación, miles de nobles, clérigos e incluso revolucionarios fueron ejecutados. Además la población enardecida asaltaba las cárceles y mataba a los detenidos.
            Usando el terror los jacobinos lograron imponerse y Francia derrotó a las potencias extranjeras. Pero la oposición a Robespierre y los jacobinos creció rápidamente por diversas causas: el cansancio frente a la situación de tensión y peligro creado por el terror, la preocupación de sectores de la burguesía temerosos por las medidas económicas que podían perjudicarlos, las disputas internas entre los sectores radicales, las acusaciones contra Robespierre de tomar medidas dictatoriales.
            El 27 de julio de 1794 (día 9 del mes de termidor, según el nuevo calendario aprobado por la Convención), la propia Convención arrestó a Robespierre y otros dirigentes jacobinos y al día siguiente los ejecutó. Con este acontecimiento, conocido como la reacción termidoriana terminaba el período más radical de la revolución.
            Los girondinos controlaron la situación, o sea los sectores de la alta burguesía se impusieron y persiguieron a los radicales. La Convención creó un poder ejecutivo integrado por 5 personas: el Directorio.

            ETAPA DEL DIRECTORIO (1795-1799)
            En este período fueron derogadas varias leyes aprobadas por los jacobinos, se restableció la libertad de comercio sin intervención del estado, provocando un aumento de precios. Para evitar las revueltas de la población las organizaciones populares fueron disueltas y clausurado el Club de los Jacobinos.
            La alta burguesía respaldaba al Directorio para que este mantuviera el orden. Los integrantes del Directorio no eran muy queridos por la población y había rumores de corrupción económica. El contraste de la miseria popular con el lujo y ostentación de las minorías enriquecidas por la revolución (en base a la especulación con los precios y los negocios con fraudes) aumentó el malestar social. Hubo intentos de levantamientos populares que fueron aplastados por el ejército. También hubo intentos de los monárquicos que querían aprovechar el descontento de la población para volver a instalar el antiguo régimen.
            Los militares adquirieron cada vez mayor importancia. A ellos recurría el gobierno cada vez que debía hacer frente a una situación crítica, como los levantamientos populares. Entre esos militares, que habían hecho carrera rápida durante la revolución ya que los oficiales que había antes eran nobles que se habían ido, se encontraba el joven general Napoleón Bonaparte. Este se había hecho conocido gracias a sus rápidas y brillantes campañas militares. Había asegurado el gobierno revolucionario derrotando a Austria y Prusia y había salvado al Directorio del complot de los monárquicos.
            Fue Napoleón Bonaparte quien puso fin al Directorio al tomar el gobierno el 9 de noviembre de 1799.

            ETAPA DEL CONSULADO (1799-1804)
Napoleón Bonaparte, una rápida carrera
de militar victorioso a gobernante
            Tras el golpe de estado de Napoleón Bonaparte, se cambió la constitución y el poder ejecutivo quedó en manos de un Consulado, organismo integrado por tres personas; Bonaparte fue designado primer Cónsul, o sea que presidía ese órgano de gobierno. La burguesía lo necesitaba para establecer el orden que el desprestigiado Directorio ya no mantenía.
            Creó el Banco de Francia para impulsar la industria y el comercio; emitió papel moneda sobre bases firmes, estabilizando la situación monetaria. Restableció el liberalismo económico protegiendo a la iniciativa privada, como quería la alta burguesía. Creó carreteras, se abrieron canales y se construyeron puertos y grandes obras que dieron trabajo a los desempleados.
            Su prestigio fue en aumento y en 1802 se hizo designar Cónsul vitalicio. Era el paso previo para proclamarse emperador, lo que hizo dos años después, en 1804. De esta manera Francia regresaba a la monarquía pero no era la misma que había antes de la revolución. Económica y socialmente muchas cosas habían cambiado y el Antiguo Régimen estaba muerto.
           


LA OBRA DE LA REVOLUCIÓN

            Durante las dos primeras etapas de la revolución se aprobaron medidas muy importantes como estas:
            Abolición del feudalismo. Se suprimieron los servicios de tipo personal que los campesinos debían hacer para los nobles (trabajar sus tierras, hacer caminos, etc). También se abolieron los impuestos feudales que los campesinos pagaban a los nobles, pero debían pagar una indemnización porque los nobles se sentían perjudicados económicamente. Recién en la Convención se eliminó esa indemnización.
            Declaración de derechos del hombre y del ciudadano. Se reconocían los derechos naturales como el derecho a la libertad, la seguridad, la igualdad ante la ley, la propiedad de los bienes y la resistencia a la opresión. La declaración definía a la libertad como “poder hacer todo aquello que no perjudique a otro”. Con respeto a la igualdad se declaraba que todos eran iguales ante la ley, eliminando los privilegios de la sociedad estamental y la igualdad de los ciudadanos para obtener empleos públicos. También establecía la libertad de expresión y de prensa (expresarse a través de un medio escrito, como periódicos, libros). Los derechos eran definidos como naturales (el hombre nace con ellos), imprescriptibles (no se pierden aunque no se usen) e inalienables (nadie los puede quitar).
            Nacionalización de los bienes del clero. Los bienes de la iglesia católica pasaron al estado que a su vez se hizo cargo de los servicios públicos que la iglesia daba como hospitales escuelas. Gran parte de las tierras de la iglesia fueron vendidas en remate a precios muy altos, sólo los adinerados pudieron comprarlas.
            Abolición de las corporaciones artesanales. Se prohibieron los gremios artesanales y las asociaciones de trabajadores, estableciendo que cada trabajador, individualmente, debía contratarse con su patrón y acordar con él el salario y las condiciones de trabajo.
            Supresión de las aduanas interiores. Se quitaron los peajes y los impuestos provinciales que se cobraban a las mercaderías que circulaban dentro de Francia.
            Medidas contra los nobles emigrados y los sacerdotes. Se amenazó a los nobles que habían emigrado que si no regresaban se les quitarían sus tierras (la medida se puso en práctica durante la etapa de la Convención). Se estableció que los sacerdotes debían jurar fidelidad al gobierno revolucionario y si no hacían serían expulsados de Francia. También se prohibieron las procesiones y ceremonias religiosas fuera de los templos.
            Durante el período de la Convención se aplicaron medidas más radicales.
            Fin de la monarquía. La monarquía fue abolida y el rey Luis XVI detenido, enjuiciado y ejecutado. Su esposa Maria Antonieta también fue ejecutada por su complicidad con las potencias extranjeras que habían invadido a Francia.
            Ley de sospechosos. Establecía el arresto inmediato de aquellas personas que podían considerarse enemigas de la revolución, tanto si hacían algo en contra de ella, como si no hacían algo a favor de ella. Se calcula que entre 300 mil y 500 mil personas fueron arrestadas.
            Intervención del estado en el comercio de trigo. El estado prohibió la exportación de trigo para evitar que los precios subieran por su escasez y en caso necesario el estado podía requisar las cosechas (quitárselas a los propietarios de las tierras) para que no faltara el pan.
Gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria. Medida toada para extender la alfabetización y el conocimiento, basada en las nuevas ideas. También se crearon centros de investigación científica.
            Calendario revolucionario. Se creó un nuevo calendario que se iniciaba con la creación de la república: el 22 de setiembre de 1792 pasó a ser el primer día del primer año de la nueva era. Los meses tenían 30 días y llevaban nombres relacionados con la naturaleza, por ejemplo Brumario (mes de las brumas), Pluvioso (mes de las lluvias), Termidor, (mes del calor), Fructidor (mes de las frutas), etc.
            Culto al Ser Supremo. Muchos de los líderes revolucionarios eran deístas y anticlericales y trataron de eliminar las fiestas que se vinculaban a la iglesia católica. Se reconoció la existencia de un Ser Supremo (el dios de los deístas) y se reconoció que la mejor manera de homenajearlo era cumpliendo con los deberes y derechos del hombre.
            Constitución de 1793. Nunca llegó a aplicarse por la caída de los jacobinos que la habían impulsado. Establecía algunos principios novedosos para la época como el sufragio universal masculino (todos los hombres podían votar sin importar su condición económica y social) y la posibilidad de someter las leyes a referéndum (si la población no estaba de acuerdo con una ley, podía modificarla mediante el voto).